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El Principito. 70 años de su nacimiento

70 AÑOS DE SU NACIMIENTO
EL PRINCIPITO

RESULTA SORPRENDENTE QUE UN PERSONAJE LITERARIO QUE ACABA DE CUMPLIR SETENTA AÑOS SIGA CONSERVANDO UNA CAPACIDAD TAN ELEVADA PARA CONMOVER A LOS ESPÍRITUS QUE, POR SUS EFECTOS, PARECE COMPARABLE A LA EMPATÍA GENERADA ENTRE EL PROTAGONISTA Y SU AUTOR. SIN EMBARGO, ASÍ ES, Y PRECISAMENTE SU DIMINUTIVO LO ENGRANDECE MÁS, CONFIRIÉNDOLE VUELOS ETERNOS. HABLAMOS DE EL PRINCIPITO.
Texto: María Lara Martínez



En abril de 1943 vio la luz, en una editorial estadounidense, en inglés y en francés, esta novela compuesta como liberación de los fantasmas que agobiaban al aviador, al que le había tocado contemplar la detestable sinrazón de las bombas durante la segunda conflagración mundial.

En pleno drama, el héroe intemporal salió a la calle con su abrigo azul, sus botas negras y su espada con el noble propósito de alentar al lector a recuperar al ser inocente que una vez encarnó pues la obra incluye importantes críticas sociales hacia la extrañeza con la que los adultos perciben las cosas: "todas las personas mayores fueron al principio niños, aunque pocas de ellas lo recuerdan", "las personas mayores nunca son capaces de comprender las cosas por sí mismas, y es muy aburrido para los niños tener que darles una y otra vez explicaciones".

Pocos saben que el pequeño que habita el asteroide B 612 nació en Nueva York, en las inmediaciones de una soleada casa de Long Island puesto que, tras el armisticio entre el III Reich y el gobierno del mariscal Pétain, Antoine de Saint-Exupéry se había exiliado en Estados Unidos con la misión de persuadir al gobierno de la Casa Blanca de que entrara rápidamente en la guerra contra las fuerzas del Eje.

Inmerso en una crisis personal y con la salud debilitada, compuso este cuento poético sobre la soledad, el afecto, la vida y la muerte. Este relato le daría bríos para alistarse de nuevo pese a la oposición de su esposa, la salvadoreña Consuelo Suncín, en la que algunos han querido ver el origen de la rosa referida en la obra.

Para modelar al protagonista, Saint-Exupéry se inspiró en un retoño que viajaba acurrucado entre sus padres en el vagón de un tren. Así lo narró en su segunda crónica, enviada desde Moscú, como corresponsal especial del Paris-Soir, el 14 de mayo de 1935: "Me senté frente a una pareja que dormía. Entre el hombre y la mujer, un niño se había hecho lugar y se había dormido. Se dio la vuelta en su sueño, y en la luz tenue de una lámpara vi su cara.

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