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IGLESIA DE MASEGOSA

IGLESIA DE MASEGOSA
Joaquín Esteban Cava

I. LA IGLESIA ACTUAL
En el libro Catálogo monumental de la diócesis de Cuenca, coordinado por Santos Saiz y Anastasio Martínez y editado por la Diputación Provincial en 1987, se describe la iglesia de esta manera:

Según la lápida colocada en el exterior de la torre, se reedificó en 1866.

Porche cubierto, la portada con laterales cerrados, al frente tres columnas de piedra cilíndricas, dóricas, con el plinto a nivel del suelo, arco de medio punto con dovelas planas y largas, y en la clave escudo puntiagudo cortado con dos cuarteles, las llaves de S. Pedro en uno y puente y dos flores de lis en el otro.

Fachada sur.

De una sola nave con planta de cruz latina. A la entrada del presbiterio, arco triunfal de piedra con decoración gótico-isabelina. El fondo del presbiterio, de tres lados con paramentos. Lo cubren tres lunetos. El cuerpo de la iglesia, bóveda rebajada de medio cañón con lunetos, sobre arcos formeros adosados al muro sobre pilastras.

 No voy a añadir nada a lo dicho por José Antonio Belinchón ni a lo que se cita más arriba sobre la iglesia actual. Las imágenes que siguen son mi complemento.
   
Fachada oeste. Campanario.

II. LA REFORMA DE POSGUERRA
Al poco de comenzada la guerra civil que se inició con la sublevación militar de Franco y otros generales en julio de 1936, la provincia de Cuenca permaneció leal al gobierno republicano y la de Guadalajara se adhirió al pronunciamiento militar. Esto hizo que, en nuestra sierra, el Tajo, que divide administrativamente las provincias, fuera también división del frente militar. En lo que nos concierne, supuso que dos pueblos próximos, Peralejos de las Truchas, de Guadalajara, y Masegosa, de Cuenca, se vieran situados en bandos contrarios.

Para defender el territorio conquense en esa línea norte que marcaba el río Tajo, pronto llegó a nuestra sierra una agrupación de soldados anarquistas bajo el nombre de La Columna Tierra y Libertad. Se instalaron en Beteta como lugar de referencia, pero a muchos los mandaron a Masegosa como cuartel más próximo a la línea divisoria.

Sobre esto, Maximiliano Cava, en su libro Casi un siglo de vida: memorias de un jubilado autodidacta, nacido en Masegosa (Cuenca), 2014, nos narra algunos de los acontecimientos vividos por él mismo en su adolescencia.

Imagen de la nave de la iglesia y su cubierta abovedada.

De lo que dice Maximiliano en su libro, lo que recuerdan los mayores del pueblo, y lo que se cuenta en otras crónicas, sabemos, en lo que se refiere a la iglesia, varias cosas. La iglesia fue ocupada como cuartel. Las campanas sacadas de la torre y derribadas. Las imágenes arrastradas por las calles del pueblo. El retablo renacentista quemado. Los bancos y demás elementos de madera se usaron de combustible. En el interior de la iglesia se guisaban, entre otras cosas, las ovejas compradas o confiscadas, las que previamente se habían desollado y descuartizado bajo el olmo próximo. En fin, soldados incultos que, en nombre de la libertad, se cebaron no con la Iglesia reaccionaria que combatían sino con los símbolos artísticos y culturales que esta tenía: una pena.

Al fondo, portada con arco de medio punto. Al exterior, pórtico
con tres columnas cilíndricas.

Sobre los retablos existentes en la iglesia, que se quemaron en guerra, la revista Mansiegona ha publicado dos artículos: el primero, firmado por Carlos Solano Oropesa, con el título Retablos de Masegosa y Lagunaseca, se editó en el número 2 de la revista, de 2007; y el segundo, que firmé yo, en el número 7, de 2012, que tenía por título Cuaderno de campo de agosto de 1934.

Aunque no lo hemos podido confirmar, es casi seguro que se destruyó también la pila bautismal. En todos los pueblos del Campichuelo y en muchos de la Sierra, como Lagunaseca, El Tobar, Santa María del Val o Beteta se conservan pilas talladas en piedra en los siglos XII o XIII. La que hay ahora en Masegosa es de adquisición reciente, seguramente una reposición de posguerra, por lo que es posible aventurar que la anterior sería parecida a las que aún mantienen los pueblos vecinos.

Concluida la guerra, y desde la pobreza en la que quedó sumido el país en general y Masegosa en particular, el pueblo hizo el esfuerzo que le fue posible por restaurar los elementos dañados y recuperar los objetos de culto que se habían destruido.

En cuanto a las campanas, que las anteriores se romperían al caer al suelo cuando las tiraron en guerra, fueron refundidas, según rezan sus rótulos, en 1951 y 1952. La pequeña, orientada al oeste, tiene un texto grabado que es perfectamente visible desde el interior del campanario. Dice así:



SANTA ANA
MASEGOSA, NAVIDAD DE 1951
REFUNDIDA SIENDO ALCALDE
D. APOLINAR RIHUETE
Y PÁRROCO D. RAFAEL OLMEDA

La grande, orientada al sur, vista desde el interior del campanario tenía una imagen de la Virgen. La leyenda estaba al exterior y debía tener un texto similar. En los últimos años ha sido nuevamente refundida, por lo que no podemos precisar la fecha en la que se colgó. No obstante, en las dos imágenes que siguen, anteriores a la última refundición, en su extremo izquierdo pueden leerse las últimas palabras de cada párrafo y que dirían algo así como esto:



[…FUE] REFUNDIDA
[SIENDO ALCALDE D. ¿ANASTASIO?] RUBIO
[Y PÁRROCO D. …] MARTÍNEZ [AÑO DE 19]52

En cuanto a los elementos de madera, lo que sabemos por el testimonio directo de Maximiliano Cava, escrito en sus memorias citadas más atrás, es que fue el ebanista local, el tío Evaristo, quien puso tarima al suelo y construyó los nuevos bancos; lo que concluyó en 1946.

No tengo referencia de los años en que se compraran las nuevas imágenes que adornan la iglesia, pero creo que todas las existentes son de posguerra. De la patrona del pueblo, la Virgen del Rosario, hay un testimonio fotográfico de una imagen que no me consta que la hubiera en el pueblo, y dos imágenes más que se veneran: una más pequeña, anterior, y otra de mayor tamaño, que se compraría más tarde.

Y abriendo un paréntesis, debemos citar aquí, porque forma parte de la pequeña historia local, lo acontecido con la imagen de Santa María Magdalena de Durón. Cuando los últimos habitantes de la aldea de Durón, despoblado que se encuentra en el extremo sur del actual término de Masegosa, decidieron dejar sus casas y bajarse a vivir a Masegosa –o tal vez cuando ya no quedaban habitantes en Durón y la ermita estaba desprotegida- la imagen, seguramente de estilo románico, que se veneraba en aquella ermita se trasladó a Masegosa y se le construyó una humilde capilla a las afueras del pueblo. En su honor se prendía una hoguera cada día 2 de febrero. Pues bien, tuvo que ser en una guerra, que a los lugareños también enredó, cuando se perdió su talla.

Alguien, probablemente de los milicianos acuartelados en el pueblo, profanó la capilla y tiró la imagen fuera, en la cuneta de la recién construida carretera a Beteta. Aquella talla, artísticamente elaborada muchos siglos atrás, permaneció varios días en la cuneta, a la vista de todo el pueblo, sin que nadie bienintencionado se atreviera a recogerla para guardarla. Cosas del miedo. Finalmente se la llevó el tío Silverio y la convirtió en leña. El anecdotario local cuenta que este vecino utilizó esa madera para hacer el frito de la matanza. Él decía que le salieron unos chorizos muy sabrosos y otros que se le avinagraron. Seguro que la madera de la imagen puesta en combustión no hizo milagros, pero seguro también que se perdió entre las llamas una más de tantas obras de arte que los antepasados nos dejaron.

De los valores artísticos que tenía la iglesia de Masegosa aún podemos lucir la cruz procesional del mejor platero que tuvo la ciudad de Cuenca en su época de mayor prestigio: el S. XVI. Me refiero a Francisco Becerril. Sobre este tema publicamos un artículo de la investigadora Amelia López-Yarto Elizalde en el número 6 de la revista Mansiegona, de 2011, titulado La cruz procesional de Masegosa, obra de Francisco Becerril.

Cruz de Francisco Becerril. S. XVI.

Una cruz de plata como esta podía ser el mejor botín de guerra de cualquier soldado desaprensivo.
 Afortunadamente algún vecino –que quisiera citar, pero no tengo datos precisos- se anticipó y la guardó.

Gracias a él hoy se puede lucir encabezando las procesiones del pueblo. La cruz recuperada estaba inclinada porque le faltaba lo que llaman los expertos la espiga y la caña (ver imagen 69). La espiga es la parte final de la cruz en la que se introduce el mango de madera y la caña el tubo con el que continua hacia arriba hasta la base de la cruz. Actualmente el sacerdote, José Antonio Belinchón, la ha restaurado y procesiona de nuevo en vertical.


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