sábado

ALFONSO CALLE GARCIA


SEBASTIÁN DE ERCÁVICA
O
EL CAMINO DE ESPAÑA




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Alfonso Calle García (1948), natural precisamente de Carrascosa de la Sierra, arquitecto de profesión pero que por devoción ha profundizado en disciplinas como la arqueología, la paleontología, la historia, la antropología y la literatura. Uno de sus resultados en la última de estas disciplinas nombradas es este libro, una auténtica novela histórica sobre el origen de España, ambientada en muchos lugares históricos que constituyen el sustrato de España: lugares que toman formas celtíberas, romanas, godas y finalmente españolas durante los siglos y que conforman el entorno en el que se desarrolla la novela.

El primer lugar que nos describe Alfonso Calle es la antigua ciudad romana de Ercávica, que en tiempos del Imperio alcanzó la categoría de municipio. Situada en Cañaveruelas, en la provincia de Cuenca, justo en el límite de la provincia de Guadalajara. La ciudad es nombrada por vez primera en el 179 antes de Cristo, en el contexto de la campaña de Tibero Sempronio Graco. Tito Livio en su Historia de Roma la describe como potens et nobilis civitas, caracterizándola como la ciudad que abrió generosamente las puertas a los romanos tras cinco días de asedio, aunque posteriormente los celtíberos que la habitaban volvieran a mostrarse hostiles a los romanos.


NOCHES DE SERRANÍA


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Palabras y memoria de mis tierras y mis gentes. Será pues esta obra algo así como un testamento que mi pueblo, Carrascosa de la Sierra (Cuenca), me ha dictado al oído. Esa Carrascosa que llegué a conocer y que intuí cuando de niño escuchaba a los míos. Aquella Carrascosa de los años 50 que era casi igual que la del siglo de antes. Desde pequeño me fui empapando con el acervo cultural derramado en historias junto a la chimenea en las noches de invierno. Mientras los "trasnocheos", los mayores hablaban de ganados, de zorras y lobos, de costumbres, de fiestas y celebraciones, de muertes y bautizos, de hambres resueltos, de fríos superados, de inquietudes y preocupaciones, con sus palabras viejas de un castellano antiguo y nuestro, vigoroso y nuestro, precioso y preciso y nuestro, palabras viejas que urdían sus raíces por entre los caminos de La Mesta, esos caminos, cañadas, cordeles y veredas de esparteña y albarca, auténticas arterias de transmisión cultural entre las diversas tierras de mi España apaleada.
LA CUENCA DEL GUADIELA
Una mirada emocionada



Desde hace años teníamos una deuda con nuestra tierra y era la misma. Queríamos saldarla y. bien sabe Dios, que al menos lo hemos intentado con este libro del cual publicamos el tomo I. Sin embargo, ahora pensamos que algunas deudas no se saldan jamás. ¿Alguien cree que ha amado suficiente a su mujer o su familia, a sus amigos y ciudadanos si aquello que se les da es la propia satisfacción? Por eso no hemos saldado nada, sólo hemos dado, con el mayor afecto, parte de nuestro tiempo libre a quien nos dio la vida, y quizá carácter y fuerza para ir por el mundo.

Somos parte de este terruño poblado de pinos, de zarzas y de ortigas, pero también de espliego, romero y ajedrea, almacenes de miel en cantidad y todo inofensivo de puro familiar y conocido. Los dos somos familia del espliego y de la zarzamora y. ¿por qué no?, de la ortiga, y del buitre y la ciriata de la cueva y el agua, del río y el arroyo, de la agalla del roble y de la cornicabra. Somos todos de todos, ellos son tan nuestros que no hay día en el año que no nos acordemos de casi todos y tengamos nostalgia de su lejanía. En cualquier sitio y en cualquier día se nos puede notar que los dos somos productos orgullosos de esa tierra tan pobre y olvidada como hermosa.

Por ello, el día 14 de enero de 2005 iniciamos este proyecto. La propuesta era nada menos que relatar e incluir en un libro lo que sabíamos y sentíamos sobre la tierra que nos vio nacer y crecer, sobre sus gentes, sus características físicas, su historia, su belleza y su armonía.

Es increíble la fuerza que en ese momento nos empujó a iniciar este trabajo, las sensaciones que invadieron nuestros sentidos, las ilusiones que nos envolvieron y. al mismo tiempo, las inquietudes que nos asaltaron diciéndonos que quizás no íbamos a ser capaces de realizar esta hermosa tarea.

Reconocemos que siempre hemos sido aman¬tes de las causas perdidas y que soñamos más. mucho más de lo que hemos realizado, pero también sabemos que algunas cosas que en algún momento hemos emprendido, y que inicialmente parecían utópicas, han visto la luz.

Pero ¿cómo dar a conocer y escribir sobre nuestra tierra y sus gentes para que los demás sientan curiosidad y deseen acercarse a aquello que nosotros amamos profundamente?

Intuíamos la dificultad que conllevaría mezclar realidades físicas con historias y sentimientos. Sin embargo, anduvimos pensando en relatos amenos y entretenidos que pudieran enlazar esas historias con realidades físicas, realidades que a los que las observen con curiosidad, les inspiren sentimientos, no sólo de ternura y libertad, sino también de agradecimiento hacia todos los que supieron respetar tanta belleza y los hicieron sentirse orgullosos de formar parte de este grupo de gentes.

Las gentes de nuestra tierra se parecen bastante al gran jefe indio Seatle quien, cuando el presidente de Estados Unidos Franklin Pierce le propuso que vendiese sus tierras a los colonos blancos, contestó "Cada parte de esta tierra, cada brillante aguja de un abeto, cada ribera de un río, cada niebla en el oscuro de un bosque, cada claro de un bosque, cada insecto que zumba o cada águila que vuela son sagrados para el pensar y sentir de mis gentes".

Sagradas son también para nosotros y para estas gentes las tierras de la cuenca hidrográfica del Guadiela en la serranía y Alcarria conquenses.

Nuestros antepasados y nosotros dos, autores de este libro, nacimos en las riberas del Guadiela y del Escabas. Allí empezamos a vivir, a relacionarnos, aprendimos a amar y, por ello, estamos confiados en que este primer tomo del libro que usted ene la paciencia de leer le animará a unirse al grupo de los que disfrutamos amando esta tierra y nos ayudará a que otros muchos también la amen, respeten y disfruten.

Ángel Pérez Saíz
Alfonso Calle García
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