martes

Amor sin medida


Amor sin medida
Francisco Cerro Ramos



            
En la vida diaria, y eso todos lo podemos observar asiduamente si ponemos un poco de atención, veremos que hay hombres que se asemejan a los pavos reales: necesitan extender las suntuosas y bellas plumas de su cola para llamar la atención a su alrededor, aunque al final, triste realidad, todo quede en que el animal no es más que una simple gallinácea. Es decir, toda su belleza es exterior, momentánea, innecesaria, incapaz de comprender a qué vienen tales aspavientos, sin que tengan un fin que lo justifiquen.
          Por el contrario, afortunadamente, también nos encontramos a nuestro alrededor con otros hombres completamente diferentes. Han hecho de la sencillez la mejor de sus virtudes y andan entre nosotros haciendo el bien, pero sin que ello se note demasiado. En muchos casos son personajes incomprendidos, porque en este mundo de rivalidades obscenas no hay sitio para la humildad; incluso, nos puede llegar a molestar su sencillez, su falta de rivalidad, cuando andamos por este mundo a empujones, esforzándonos en desplazar de su sitio a nuestros rivales para ocupar nosotros el de ellos. No podemos llegar a entender que haya hombres a quienes les tenga sin cuidado el lugar que ocupen en la sociedad y que no pretendan ganar los puestos eminentes con buenas o con malas artes.
          Esta somera introducción sobre la condición humana podría servirnos como carta de presentación para el poeta que hoy, felizmente para aquéllos que le queremos y valoramos en su justa medida sus cualidades líricas, ha decidido plasmar en forma de libro sus composiciones poéticas. Nos estamos refiriendo al poeta Francisco Cerro Ramos, miembro de la Real Orden de los Caballeros del Monasterio de Yuste, de la Asociación de Escritores y Artistas Españoles y de la Editorial Beturia. Además, entre otras muchas tareas, ocupa en estos momentos la presidencia del Círculo Extremeño de Torrejón de Ardoz.
          Tenemos que reconocer que nos cuesta ser imparciales a la hora de hablar de Paco Cerro, pues nos consideramos su amigo, así lo tenemos a gala, y ya sabemos que los amigos no somos los más adecuados a la hora de ensalzar tus valores, por muy a la vista que éstos estén, pues el roce diario hace que los méritos y los defectos se vean de manera más suavizada.
          Pero nos vas a permitir, querido amigo, que nosotros, que no somos poetas, te recibamos hoy de manera poética, levantando un figurado vaso de vino, como hacemos tantas tardes en nuestro querido Círculo, mientras nos contamos nuestros pormenores, y te diga:
          De aquel jarrón de vino que a nadie perjudica,
          llena tu copa y bebe, y sírveme a mí otra,
          compañero, antes de que haga, sin prestar atención,
          con tu tierra y la mía un jarrón el alfarero.

                                      ***
          ¿Por qué guardas tu vino, compañero?
          ¿Qué pueden darte a cambio de tu vino?
          ¿Dinero…? ¿Y qué puede darte el dinero?
          ¿Poder…? ¿Pues no eres dueño del mundo cuando tienes en tus manos una copa?
          ¿Riqueza…? ¿Hay alguien más rico que tú, que en tu copa tienes oro, rubíes, perlas y sueños?
          ¿Amor…? ¿No sientes arder la sangre en tus venas cuando la copa besa tus labios?
          Toma tu vaso, amigo, y bebe conmigo,
          que el camino es muy largo y fuera hace tanto frío…

          Hoy queremos hablar sobre ti, de tu poesía, de tu compromiso sagrado con el mundo de las letras, aunque también de nuestros sentimientos hacia un hombre bueno que ha hecho de la vida un permanente acto de servicio a los demás y de amor a su tierra extremeña. Y queremos hablar porque como decía el gran Quevedo:

          No he de callar por más que con el dedo,
          ya tocando la boca o ya la frente,
          silencio avises o amenaces miedo.
          ¿No ha de haber un espíritu valiente?
          ¿Siempre se ha de sentir lo que se dice?
          ¿Nunca se ha de decir lo que se siente?

          Veréis, queridos amigos, que la forma más hermosa de dirigirse a otros hombres, sea en el dolor o en la alegría, en la amistad o en el desencuentro, siempre es la poesía, y de esto sabe mucho el hombre de quien hablamos. ¡La Poesía! ¿Qué es la poesía? –se pregunta otro poeta amigo, Pablo Jiménez: Nadie podría definirla. La poesía es resbaladiza, inasible. Apenas un rumor: aplicar el oído y sentir al punto como se desvanece. Nunca se entrega ni declara su nombre. Canta y no se deja oír. Grita y es puro silencio. No nos pertenece. La sospechamos, no es de este mundo. Si pasara a nuestro lado ¿cómo conocerla? no tiene forma ni contorno. Nos ciega, si nos mira. Nos aniquila, si nos toca. ¿Con qué segunda e imposible vida recordarla, reconocerla? ¿De qué referencia servirnos para ubicarla, si no deja rastro al pasar, si se difumina su estela cuando nos volvemos para mirarla? Sentir y no saber que es tal vez la única manera de atraparla siquiera fugazmente. Porque la poesía no es percepción sino el aroma que deja un aroma, quizá sólo la dudosa memoria de un susurro que alguna vez creímos intuir. Es la poesía la más singular y compleja de las artes literarias. Pero al mismo tiempo puede ser la más sencilla, la menos sofisticada. Al fin depende todo de la luz, de la luz que ilumina al poeta y/o de la luz que él mismo puede llegar a proyectar.
          Pero más y mejor de lo que  se pueda señalar sobre la poesía, lo dirá directamente el poeta con palabras mucho más hermosas cuando entremos de lleno en este bello poemario que hoy nos ofrece, o cuando nos recite algunos de sus poemas, porque, amigos, los poetas tienen el secreto de hablarnos con palabras tan hermosas que los humildes prosistas como nosotros no alcanzamos a describir.
          Permítannos presentar a quien hoy merecidamente prologamos. ¿Qué méritos concurren en él para que estemos hoy, aquí, todos nosotros pendientes de los versos de su primer poemario?
          Francisco Cerro Ramos, como tantos amigos sabemos, es uno de los muchos extremeños que tuvimos que salir de nuestra tierra buscando una mejor vida para nuestras familias, que en ella se nos negaba. Nació en la preciosa villa de Torremocha (Cáceres), pero su infancia y adolescencia la pasa en otro pueblo cercano, Casas de don Antonio, dulce regazo en el que conoció a su amada y bellísima esposa y donde duermen el sueño eterno sus mayores, hasta el momento en que con el corazón, muy apretado por la congoja, decide marchar a Valencia, ciudad en la que permanece 25 años y en la que le nacen sus dos hijos. Pero allá donde vaya un extremeño estará Extremadura. Esto no lo saben –no lo quieren saber– lo políticos apoltronados en sus sillones y aferrados a su bien retribuidos puestos oficiales. Por el contrario, aquéllos que amamos de corazón a nuestra tierra (a veces incomprensiblemente), trabajamos por mantener vivas nuestras raíces, por muchas que sean las dificultades que nos encontremos. Paco es uno de estos hombres que señalamos. Sin mirar atrás con ira, lo primero que hace es fundar el Hogar Extremeño de Valencia, siendo uno de sus directivos.
          Este recuerdo de la tierra añorada; este deseo de volver a la Arcadia de la infancia perdida, será el que le apremie a escribir sus primeros versos, que, estamos seguros, serían versos de nostalgia. Paco Cerro es un poeta autodidacto que se mueve siempre por nobles y bellos sentimientos: bien sean familiares –el amor a su esposa Cati es recurrente en este poemario–, territoriales o, en el mayor de los casos, de amistad. Esa es la palabra que en ella misma encierra todo el universo del poeta: la amistad. Pero todo en él es puro sentimiento. No le habléis de corrientes poéticas, ni de escuelas literarias. Él tiene la suya personal e intransferible: su amor a su tierra, a sus semejantes, a sus ideas. Y ahí caben todas las tendencias que en el mundo han sido. Pero su campo literario es mucho más amplio que la poesía: ha colaborado en multitud de diarios y revistas a nivel nacional, entre ellas la Hoja del Lunes, Las Provincias, El Levante, etc. Su labor humanitaria le supuso ser merecedor de varios homenajes. Es miembro del jurado de diversos certámenes de poesía, entre los que destaca el “Rafael García Plata de Osma”, del que es fundador, que anualmente concede el Círculo Extremeño de Torrejón de Ardoz. Ha dado conferencias, recitales y pregones por todo el territorio nacional y es miembro de distintas asociaciones culturales. Su más querido galardón es ser miembro de la Real Orden de los Caballeros de Yuste. Está considerado como uno de los mejores rapsodas de España.
           No todos van a ser halagos a la hora de escribir estas letras. Paco tiene un “pequeño” defectillo que nosotros vamos a denunciar aquí maliciosamente. Tiene tan asumida su humildad, que hay que estar tirando permanentemente de él para que dé a conocer sus poemas. No concibe que lo que él hace, como fruto maduro de su permanente amor a los demás, sea motivo de homenajes o reconocimiento, ni mucho menos para un libro. Y eso que lleva en su haber un amplísimo historial de premios que para sí quisieran poetas afamados y de relumbre mediática. Cuando le solicitamos pasar a papel sus numerosas y bellas composiciones puso todo tipo de trabas para que ello no se llevara a cabo, estando convencido de que su obra no tenía méritos suficientes como para ser publicada. Una vez más, el hombre frente a su grandeza.
          Pero el libro, querido amigo Paco Cerro, ya está en la calle y ya no eres dueño de su destino; ahora será el público, ese numeroso público al que tantas veces has deleitado, el que tenga la última palabra. A nosotros sólo nos queda pedirte que ese venero poético que ha nacido contigo, ese filón de humanidad que te engrandece, que esos conocimientos literarios bien cimentados con tantas lecturas, sigan siendo el norte y guía de nuevos trabajos poéticos. Pero hoy es tu fiesta y no quisiéramos, querido amigo, quitarte brillo con nuestros circunloquios y sí desearte que este público amigo que te sigue incondicionalmente  disfrute con tu poesía. Esa poesía que nace del más profundo y arraigado amor hacia tu esposa, tus hijos, tus amigos; de tu recordada, añorada y cantada tierra extremeña.
          Se calla el amigo y comienza el poeta. Felicidades.

                                               Ricardo Hernández Megías
Presidente de la Federación de Asociaciones 
Extremeñas en la Comunidad de Madrid.
Vocal del Consejo de Comunidades 
Extremeñas en la Comunidad de Madrid.
Escritor.

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Francisco Cerro Ramos nació en Torremocha, Cáceres, en 1939. Con tan sólo 1 año se trasladó con su familia a Casas de Don Antonio. Quedó huérfano de madre a la edad de 8 años; ha vivido en Valencia durante 25 años, ciudad en la que nacieron sus dos hijos. Ha sido asesor de inversiones y cursó estudios de pintura, de francés e inglés, del que fue profesor, así como de Geografía e Historia y de Derecho; Director Gerente de Comercios del Vestir, S. L.; se ha dedicado al mundo de la empresa durante muchos años. Ha colaborado en diversas revistas y periódicos; ha dado conferencias, pregones y recitales de poesía por todo el territorio nacional. Tiene en su haber varios premios de poesía y de relatos. Pertenece, como socio, a la Asociación Cultural Beturia, a la Asociación de Escritores y Artista Españoles y es Caballero de Yuste. Ha recibido multitud de homenajes, tanto por su obra como por su labor humanitaria, porque, queridos lectores y amigos, Francisco Cerro ama sin medida. 


 NOSTALGIA

No he visto una flor lozana,
no he aspirado la fragancia,
no he oído al ruiseñor
desde que partí de casa.

La tempestad del dolor
me sacude y resquebraja,
mi cuerpo anhela a su tierra
y mi ánima a su substancia.

Mis ojos están vacíos
por derramar tantas lágrimas,
mis labios están ansiosos
por besar mi tierra parda.

Quisiera ahogar mis torturas
en mis extremeñas aguas,
esas que lavan las penas
que produce la distancia.

Ansío ser viento y polvo,
filtrarme por la ventana
y a hurtadillas esconderme
para siempre allá en mi casa.

Estaré ausente de ti,
¡ay madre de mis entrañas!
hasta que el cuerpo sucumba
o bien se rebele el alma.

Cuando el ocaso se acerque,
y mi luz quede menguada;
cuando me abandone el ritmo
y se ausente la mirada,

y ya el último suspiro
se vaya con la palabra,
quiero ser tierra en la tierra
de mi Extremadura amada,
a la que asurqué con llantos
de sangre al abandonarla.

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Nota: Hemos incorporado este libro a nuestra biblioteca. Un poemario de nuestro gran amigo Paco Cerro, del que he tenido el honor de ser el diseñador y maquetador.

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