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PRIEGO: Allí donde comienza la sierra







Señoras, señores.

Es un honor para mí el poder hablar de un pueblo milenario, cabeza de partido y lugar de referencia para muchos otros pueblos de la zona, sin más méritos por mi parte que el de ser un enamorado de mi tierra; una tierra que merecería ser estudiada y conocida por sus habitantes con mucha más intensidad de lo que se viene haciendo hasta el momento, pues muchos son los méritos y los tesoros que en ella se encuentran, dignos y meritorios de este estudio, no siendo el menor de ellos su propia naturaleza, su serranía, sus bosques y su fauna. Sus aguas. Su gente.

Nosotros vamos a hacerlo de una forma poco ortodoxa. Si lo más corriente empezar desde su intrahistoria, nosotros nos vamos a acercar a la bella ciudad de Priego con los ojos del nuevo visitante, para una vez en su plaza principal, sentados en uno de los veladores, ir dando algunos datos sobre su pasado, su presente y, lo más importante en estos momentos, su incierto futuro, que también puede ser materia de estudio para los que habitamos y sentimos las dolorosas carencias socio culturales de la región, así como la preocupante despoblación de nuestros pueblos.     

Nada más entrar en Priego la ciudad te devuelve sus más importantes señas de identidad: el mimbre y la cerámica. A la izquierda, junto a la gasolinera, podemos ver los haces de mimbre secándose a la espera de ser cocidos y comercializados. A derecha e izquierda de la carretera, los dos establecimientos de los hermanos Parra nos incitan a conocer una de las industrias más antiguas de la comarca: la alfarería, que en esta zona tiene reminiscencias íberas. Si antaño el pueblo vivía, principalmente, de estas dos actividades comerciales, el mimbre y la cerámica, hoy no queda más que una pequeñísima reliquia de los maestros alfares, tan numerosos hasta los años cincuenta. Cuatro talleres de alfarería, que yo conozca, quedan en el pueblo, los ya citados hermanos Parra a la entrada del pueblo, los hermanos Magán, una vez desaparecido el viejo maestro Aurelio Magán, padre de los actuales artesanos, y el joven Parra Luna que a la salida del pueblo, camino del estrecho, sigue incansable su labor, manteniendo la pureza del diseño de la antigua cerámica. Todo lo demás, son hoy viejas ruinas de hornos ya desparecidos para siempre.

En primer término el torreón de Despeñaperros
  Nuestro ánimo se aligera conforme penetramos en la vieja población de Priego. A la derecha, en lugar privilegiado del Estrecho, se alza el viejo torreón en ruinas  -torreón de Despeñaperros- de lo que en tiempos hoy muy lejanos fue la casa fuerte de los Condes de Priego. Es una verdadera pena que el símbolo más significativo de la fundación del pueblo, no sea más que un montón de piedras carcomidas por la herrumbre de los años, ya sin posible recuperación, mucho más cuando pertenecen a un particular que nada quiere saber de su rehabilitación.

  Pero Priego es mucho más que unas ruinas medievales. Su hermosa plaza principal, ésta sí hoy felizmente recuperada, nos puede hablar de otros tiempos más prósperos que los actuales, donde toda la población joven se va marchando año tras año en busca de un mejor futuro. Para nosotros, la plaza es un compendio de belleza, armonía y de intercambio social de toda su población. A la resolana de una hermosa primavera o en los frescos atardeceres del verano, se puede disfrutar de la impresionante estampa de sus portales, donde destacan dos edificios principales: el palacio de los condes de Priego, hoy recuperado y sede del Excmo. Ayuntamiento y el viejo caserón de lo que fue palacio de la Inquisición, con su pórtico renacentista coronado por una magnífica talla del símbolo de los jesuitas: J. H. S., a quien creemos perteneció el caserón que forma toda la parte oriental de la plaza, hoy dividido en varias viviendas, pero manteniendo, en lo que ha sido posible, la unidad de su fachada. Sobre la puerta principal, entre dos soberbias balconadas labradas y festoneadas por magníficos barandales de hierro labrado, el impresionante escudo de un caballero del que desconocemos su historia, y que bien podría estar emparentado con los Sres. de La Llana, familiares del Santo Oficio, como bien pregona la fachada de su casa en la calle de La Loma.

La Plaza
  Desde esta plaza salen las calles más importantes que forman el pueblo. Siendo la principal la calle Larga, donde se asientan varias e importantes casonas del siglo XVIII y XIX, alguna de ellas con fachadas blasonadas por escudos familiares anteriores a su nueva construcción. Junto a la plaza, es la calle más antigua del pueblo, que en un momento de su historia estuvo defendido por murallas, como nos lo recuerda la Puerta de Molina, al final de dicha calle. Al otro extremo de la plaza, entre hermosas fachadas del XIX, nos acercamos a la iglesia parroquial que está bajo la advocación de San Nicolás de Bari, patrón del pueblo. Nos dice Pascual Madoz en su Diccionario Geográfico-estadístico e histórico, editado en 1849, que en 1839 sufrió un devastador incendio en plena guerra carlista y, que fueron los vecinos quienes consiguieron su reconstrucción, que constaba de 14 altares, el altar mayor con 8 efigies grandes y 4 pequeñas en los remates, y tres medallones en cada uno de sus lados, y que a la derecha del referido altar se encontraba la capilla de los Condes de Priego, y sobre su altar un hermoso cuadro de la Virgen de las Angustias, que el Papa  Pío V regaló a D. Fernando Carrillo de Mendoza, cuando éste fue a darle parte de la victoria conseguida contra los turcos en las aguas de Lepanto; y que hasta el año 1811 pendía del techo de esta capilla una de las banderas que ganaron los españoles en esa célebre jornada. Durante la Guerra Civil del 36 –incivil, diríamos nosotros- fue quemado el retablo del Altar Mayor y vuelto a reconstruir, en él podemos ver algunas magníficas tallas de Salvador Carmona -que pertenecen al convento-, autor también del Santo Cristo de la Caridad que se conserva en el mencionado convento de San Miguel de la Victoria, a las afueras del pueblo.

  Caminar por las calles de Priego es volver a un pasado que ya muchos habitantes de las grandes ciudades habíamos olvidado. Ahora, en otoño como en el  invierno, alejados los ocasionales turistas que la visitan y que rompen su vieja estampa de ciudad castellana, se pueden escuchar los sonidos del silencio: la tenue voz de una vecina que te saluda con afecto; el repicar del martillo sobre el yunque del herrero, el sonido siempre presente de las campanas del pueblo llamando a los oficios diarios o doblando a muerto por un convecino seguramente fallecido muy lejos del lugar, pero que ha querido ser enterrado en su lugar de nacimiento…, sonidos tan cotidianos, tan viejos, que ya forman parte del silencio de la ciudad, pues no hace falta escucharlos para entenderlos.

Y sentados en tan hermosa plaza medieval, vamos a hacer un pequeño recorrido por la historia de Priego, desde sus discutidos como discutibles orígenes,   hasta el presente de un pueblo que está buscando la forma de renacer y dar respuesta a los retos que se le presentan en estos nuevos tiempos de reconversión industrial y de turismo selectivo donde la naturaleza, tan generosa con esta tierra, tiene mucho que decir en un futuro próximo si las autoridades y los ciudadanos de la comarca, todos juntos, nos ponemos a trabajar en el empeño.

En una nota sobre su historia se nos dice que Priego es un pueblo fundado en la Edad Media que cuenta con un castillo, un convento y un puente romano. Nos dice el presbítero Juan de Saavedra, en julio de 1787, que “Ignórase por quién se fundó esta villa y sólo por tradición se dice que, cuando se despobló Cesma, se vinieron sus vecinos al abrigo del castillo o casa fuerte, que cedió el Rey a Alonso Ruiz Carrillo. …”.  Pero esto mismo vale para cientos, miles de pueblos del reino de Castilla que nacieron en tiempos de la Reconquista y que fueron tierras de realengo entregadas al señor feudal que les ayudaba en la lucha contra las tropas árabes invasoras, pasando por lo tanto a ser tierras de señorío, es decir sujetas a la administración y dominio de la nobleza, o de la iglesia. Unos y otros (nobleza e iglesia) señalaban su propiedad con la construcción de castillos o casas fuertes, los primeros, desde donde poder defenderse y defender a la población de las rafias de las incursiones árabes, y, los segundos, con el levantamiento de conventos desde donde asegurar la espiritualidad de la población asentada en la zona. Si hiciéramos un profundo estudio sobre la historia de los conventos y ermitas de media España nos encontraríamos con unos inicios y unas advocaciones muy semejantes entre sí, que corrobora nuestras palabras.

El devenir de la historia hizo que el ya poderoso señor don Diego Hurtado de Mendoza, II marqués de Santillana fuera nombrado duque del Infantado desde la concesión de dicho título por los Reyes Católicos en 1475, haciéndose con la propiedad de los inmensos territorios que van desde Guadalajara a Cuenca y que sus descendientes adquirieran títulos de nobleza y propiedades hasta convertirse una de las más poderosas familias del siglo XVI.

Palacio de los Condes de Priego,
hoy sede del Excmo. Ayuntamiento de Priego
Dicho personaje ya había sido nombrado conde de Priego en 1465 por el rey Enrique IV, por casamiento con la VII Señora de Priego, Teresa Carrillo, título que tiene asociado la Grandeza de España. En el “Nobiliario Genealógico de los Reyes y títulos de España”, dirigido a la Majestad del Rey Don Felipe Quarto, compuesto por Alonso López de Haro, criado de su Magestad, y Ministro en su Real Consejo de las Órdenes, en el año 1622, en la página 376 Cap. VI, dice: “Del título y Condado de Priego, que dio el serenísimo Rey don Henrique IV, a Don Diego Hurtado de Mendoza, donde se da cuenta de la sucesión de esta casa, y escudo de sus armas, que son partido en palo: a la parte derecha una castillo de oro en campo de sangre que son las de la casa y linaje de Carrillo, y a la siniestra las de Mendoza, que son vanda roja con viroles de oro en campo verde”, con la condición de que el hijo primogénito heredase la Casa de Priego y llevase sus armas, que quedaron establecidas en el testamento de Pedro Carrillo de Huete, -último Señor de Priego y Halconero Mayor del Rey Juan II- con fecha 20 de junio de 1448, “ ... e dende en adelante por linea derecha, tomando e trayendo la señal e armas de los Carrillos, conviene a saber, un Castillo dorado en campo colorado, e llamandose mi apellido de los Carrillos sin alguna otra boltura ni mistura de armas, ...”. Actualmente el título de conde de Priego lo ostenta don Rafael Castellano y Barón.

Poco sabemos de las vivencias de los Condes en el pueblo de Priego, aunque en él levantaran su casa fuerte y su palacio, creemos nosotros que uno y otro fueron levantados más como señal de poderío de la familia Carrillo que como lugar de residencia de los mismos. Pero lo que sí levantaron los Condes o sus familiares más directos fueron tres Conventos importantes en el término de Priego. El primero, llamado del Rosal, en un convento concepcionista construido en el siglo XVI, fundado por Hurtado de Mendoza, cura de Zaorejas, hermano del  II Conde, D. Pedro Carrillo de Mendoza, que en el año de 1525, por su última disposición, mandó fundar un Convento de religiosas franciscanas, con la invocación de Nuestra Señora del Rosal, extramuros de la Villa de Priego. “...Manda que un Monasterio que tenía principiado en Ntra. Sra. del Rosal, ermita extramuros de la Villa de Priego se acabe de sus bienes para que en él estén monjas que tomaren Orden de la Concepción, y halla en él las monjas que se pudieren sustentar con la renta que él les deja”, hoy desgraciadamente en ruinas.
Convento Ntra. Sra. del Rosal
El segundo, nos lo describe también el citado anteriormente, presbítero Juan de Saavedra, de la siguiente forma: “Hubo otro convento entre oriente y medio día a poco más de mil pasos a la orilla del río Escabas, bajo la regla de San Agustín, fundación de don Hurtado de Mendoza, con la advocación del altísimo misterio de la Encarnación de Ntro. Sr. Jesucristo, y se fundó en el año de 1465; y por ser su sitio poco sano por la inmediación del río se mudó dentro de la población en el año de 1652, y se extinguió en el de 1766 por falta de congrua.”

Y el tercero, y más importante, el de San Miguel de la Victoria, del siglo XVI siendo la fecha de su fundación el 30 de enero de 1597, dice el acta fundacional escrita por fray Pedro de la Magdalena: “Por tradición de los Antiguos moradores de esta Villa de Priego, se sabe y las fuentes lo afirman, que en una Ermita antigua del Señor San Miguel que está situada y metida en lo interior del monte, que llaman de la Hoz, al pie de las mas altas peñas de el, hubo en aquellos tiempos un convento de Religiosos Militares que llamaban templarios cuyo nombre, casa y religión feneció en un mismo día y tiempo, como las crónicas antiguas de España lo cuentan largamente esta verdad se prueba muy bien, así por las bóvedas que hoy día se hallan en la misma Ermita y contornos de sus sitios, como por unos cimientos antiguos que en estos tiempos se han descubierto, y hallado, que dan muestra de haberlo sido de grandes y suntuosos edificios, los cuáles en aquel tiempo nadie pudiera edificar ni tener sino gente tan rica y poderosa como ellos eran, en el que hoy se encuentra el patrón de la comarca, el Santo Cristo de la Caridad, obra de Salvador Carmona –como ya se ha apuntado anteriormente- .

Convento de San Miguel de la Victoria
Enclavado en llamado "Monte Santo" de Priego (Cuenca)

















En el Libro de Guardianes se nos dice que dicho Convento fue levantado por don Fernando Carrillo de Mendoza, mayordomo mayor de don Juan de Austria, quien había prometido al Señor que si en la Batalla de Lepanto contra el invasor turco salían vivos él y sus hijos, construiría un convento religioso, cosa que así realizó. Algunas dudas existen sobre el primer emplazamiento del Convento. Algunos aseguran que dicho emplazamiento tuvo lugar sobre lo que hoy conocemos como El merendero. Estuvo habitado por monjes franciscanos descalzos cerca de dos siglos y fue destruido por el desprendimiento de grandes rocas de la cercana sierra en el 10 de agosto de 1772. Los monjes solicitaron la ayuda del rey Carlos III para construir otro monasterio en las cercanías, en el mismo Monte Santo, a lo que accedió el monarca, y fue construido, con la ayuda de los vecinos de la comarca, siendo ocupado por los monjes franciscanos el día de San Mateo del año de 1777.

La historia del Convento, hasta nuestros días, es la misma que la de tantos y tantos conventos y edificios religiosos en España. Víctima de la barbarie y el saqueo de los franceses en la Guerra de la Independencia, fue abandonado por los monjes que regresaron a su finalización, lo reconstruyeron, para, finalmente, tras el decreto de exclaustración general, ser objeto de desamortización en el siglo XIX y puesto en venta, aunque nadie quisiera comprarlo, para pasar, tras el Concordato de 1851 a la Mitra de Cuenca en 1856, que le ha dado distintas aplicaciones hasta la fecha; pero siempre al margen de la utilidad para la que fue fundado. Hoy es un edificio semi abandonado, con grandes necesidades de restauración y, decimos nosotros, lugar privilegiado para desarrollar en él el primer proyecto de recuperación turística de la comarca, si la iglesia, su actual propietaria, y el estado, se pusieran de acuerdo y abrieran una Hospedería que cubriera las necesidades turísticas de los visitantes que se adentran por la excepcional serranía.

Portada del Protocolo Histórico
Convento de San Miguel
de la VICTORIA
Aquí, y en este momento es necesario, desde nuestro punto de vista, insistir en la denominación del citado Convento. Queda dicho, que su fundación se realizó sobre una ermita dedicada a San Miguel, al que se le añadió el “apellido” de La Victoria, tras la de Lepanto, y no otra u otras. Por tanto su advocación fue, es y debe de ser, la de San Miguel de la Victoria. Debemos desterrar de nuestro vocabulario el referente a dicho convento la denominación de las Victorias, errores que se cometen desde las instituciones locales –Ayuntamiento- hasta las provinciales o autonómicas. Poner en valor nuestra cultura también significa que se reivindique el verdadero nombre de nuestros centros de irradiación de la misma, y sin ningún lugar a dudas el Convento de San Miguel de la Victoria, lo fue en su momento. Desterremos el error gramatical, y exijamos que en las publicaciones se le de su verdadero nombre, y de igual modo remitamos a cuantos han escrito, libros, folletos, etc. que realicen la rectificación de dicha denominación si lo hicieron con la denominación de “Las Victorias”, ya que en su desconocimiento lo que han estado haciendo es difundir el nombre de un convento franciscano construido entre 1506 y 1580  en la ciudad de San Cristóbal de La Laguna (Tenerife),(1) que sí tiene esa advocación, de San Miguel de Las Victorias.

Pero habíamos dicho que íbamos a hablar del pasado, del presente y del impredecible futuro de una ciudad tan estratégicamente asentada en uno de los lugares más bellos y pintorescos de la alta Alcarria y muy próximo a Sierra conquense, no en vano se dice que la Puerta Molina es el inicio o el final, según se posicione el visitante para estar bien en la Alcarria bien en la Sierra. Para conocer el pasado más cercano de Priego, no hay más que darse un paseo por sus alrededores y abrir bien los ojos. Las numerosas ruinas que en sus alrededores se ven nos cuentan la historia de otros tiempos en que la ciudad era autosuficiente y se abastecía por sí lo más necesario: los molinos para la harina, las almazaras para el aceite, la fábrica de la luz; los talleres de lana donde se confeccionaban mantas; los de mimbres, que hicieron famosa en toda España la artesanía del pueblo; los más de treinta hornos alfareros que daban trabajo y riqueza al pueblo, etc., nos están diciendo que el sueño de un pueblo por mantenerse a flote fue posible. No digamos el comercio con los pueblos del Campichuelo o con los de la Serranía, que llenaban de productos hortofrutícolas los mercados semanales o intercambiaban sus productos en la plaza del pueblo, y en que todo el mundo salía con ganancias.

La alfarería, un símbolo de la ciudad de Priego
Este ejemplo de explotación de los recursos naturales de la comarca y en tiempos de menor industrialización, nos debe llevar a pensar si hoy en día, con mejores medios de comunicación, con mejores medios técnicos y personal más cualificado, con una numerosísima población de turistas visitante con buena capacidad económica para nuevos planes de desarrollo, no seremos capaces de buscar el remedio al abandono de las producciones tradicionales o futuras y esperar sentados el ver como cada día nuestra juventud va desapareciendo de nuestras calles.

Y en este impase, nos enfrentamos con el futuro. Un futuro que ya venimos diciendo se nos presenta muy negro si no sabemos buscar los remedios a los males que nos acontecen, que nos aquejan. Yo creo, amigos, que una de las salidas más interesante para este pueblo histórico debe ser el turismo, verdadera caja de pandora de estos nuevos tiempos donde el ciudadano busca incansablemente nuevas y sustanciosas novedades. Hay que buscar la fórmula para que Priego sea lugar de destino, y de permanencia, y no lugar de paso de los numerosísimos viajeros que circunvalan el pueblo hacia La Sierra. Otros pueblos con menos méritos que el nuestro lo han conseguido. Hay que hacer de la plaza principal del pueblo nuevamente el mercado principal de la zona, o inventarse nuevas fórmulas y mercados de artesanía como para que el viaje hasta Priego tenga los suficientes alicientes como para desplazarse un fin de semana hasta él. Tenemos en el pueblo, y en la comarca, todavía suficientes maestros artesanos con la suficiente vitalidad como para levantar nuevamente el mercado de la artesanía: mimbre, cerámica, forja, manualidades con el hilo; y si no los hay se buscan en otras zonas y se traen. Hay que desempolvar las tradiciones ancestrales de la comarca y ponerlas en valor. Si unos se tiran tomates y otros se bañan en vino o corren delante de un toro, nosotros tendremos que buscar algo que despierte el interés del visitante y que haga de Priego un referente ferial en determinadas época del año.

Las artesanales manos del alfarero pricense
Esta es mi idea, queridos amigos, para levantar el futuro de este pueblo que se nos muere: turismo de naturaleza; aguas; deportes rupestres; artesanía; ferias temáticas… Espero que a alguien se le encienda la luz y que dé comienzo al proyecto.

Quiero terminar, dando las gracias al Director de estas Jornadas, por haber tenido la amabilidad de invitarme a ser partícipe de ellas, en la versión que me menos me gusta, actor, cuando mi deseo siempre ha sido y es, el ir aprendiendo de cuantos nos visitan y que hacen que nuestra tierra vaya siendo conocida y respetada por su diversidad cultural, y la bonhomía de sus gentes.

Gracias a todos por su asistencia, y que estas jornadas sirvan para conocer mejor el Arte Contemporáneo, y que la participación en las mismas sea el acicate para la realización de nuevas ediciones.



Conferencia pronunciada el 02/11/2012 en el salón de actos del Centro Cultural "Diego Jesús Jiménez" de Priego, dentro de los actos programados por las I Jornadas de Arte Contemporáneo.

(1)
El Real Santuario del Santísimo Cristo de La Laguna, es el Convento Franciscano de San Miguel de las Victorias y tiene la categoría de Bien de Interés Cultural. El convento empezó a construirse por orden del Adelantado Alonso Fernández de Lugo, en febrero o marzo de 1506, siendo terminado en 1580.

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